Cuando se trató de salvar la vida de otras personas, Edwin José Oliveros Montiel no dudó. Esto luego de que los frenos de un bus escolar fallaron en una pendiente pronunciada de Morroa, Sucre; el hombre de 48 años antepuso la vida de decenas de niños a la suya.
Con una maniobra desesperada pero meditada, estrelló el vehículo contra una volqueta para evitar caer a un abismo. Su acción contuvo una tragedia mayor, aunque a él le costó la existencia. Muchos habitantes lo catalogaron como “héroe”.
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El trágico siniestro se registró el miércoles 9 de septiembre de 2026 en el sector de La Peñata, en la ruta que conecta el corregimiento El Yeso con la Institución Educativa Cristóbal Colón. En el automotor viajaban 35 personas: 31 alumnos, dos jóvenes de 18 años, una docente y el conductor.
La colisión permitió salvar a la mayoría de los ocupantes, aunque una estudiante de 14 años, que cursaba octavo grado y quedó cerca de la cabina, también falleció debido a la fuerza del impacto.
De acuerdo con testimonios de padres y estudiantes entregados a su esposa, Cristina Díaz Vergara, Oliveros reaccionó rápido al notar la falla mecánica. Advirtió a los menores que el vehículo no respondía y les pidió que se desplazaran hacia la parte posterior para protegerse.
“Ellos señalaron que cuando el bus se quedó sin frenos, mi esposo les dijo que se fueran hacia la parte de atrás del carro y que cuando se dio cuenta del camión que volteó en la vía, prefirió chocar para detenerse y no rodar por la montaña. Infortunadamente, la niña que murió se quedó prácticamente a su lado y recibieron el impacto que les quitó la vida. Él dio su vida por ellos”, relató la cónyuge en entrevista con El Tiempo.
El impacto mantuvo atrapado el cuerpo del conductor durante casi tres horas en la estructura del vehículo, mientras los heridos eran trasladados a centros de salud, algunos en motocicletas debido a la complejidad del acceso a la zona rural.
Nacido en Montería, Córdoba, y radicado en Sucre, Oliveros contaba con una amplia trayectoria en la disciplina militar. Fue infante de Marina profesional y se pensionó de la Armada Nacional tres años atrás, luego de dos décadas de servicio en las que se desempeñó como conductor, enfermero de combate e instructor de armas.
Según su esposa, este recorrido le otorgó la templanza y el conocimiento para actuar en situaciones de alto riesgo. Más allá de su perfil militar, en su comunidad lo recuerdan por su entrega a los demás y su faceta devota.
Medios regionales como Corozal Noticias señalaron que allegados lo definen como “un hombre de Dios, de fe”, servicial y siempre dispuesto a ayudar. Junto a su esposa, participaba activamente en la iglesia cristiana Centro Familiar Manantial de Vida, en Corozal.
Díaz Vergara recordó que su esposo solía advertir sobre las fallas mecánicas del automotor y el mal estado de la carretera. Pese a ello, las horas previas al accidente transcurrieron con tranquilidad. Hoy, su familia y la comunidad despiden a quien recuerdan como un pilar familiar y un hombre ejemplar.
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