Para llegar a Bocas de Atrato, corregimiento de Turbo, hay que salir del puerto de Turbo en lancha y adentrarse en el Golfo de Urabá durante unos diez minutos, hasta donde el río Atrato se abre al mar Caribe.
Las embarcaciones que navegan entre Antioquia y Chocó suelen hacer una parada allí: los agentes de la Armada Nacional revisan los documentos y los pasajeros aprovechan a calmar el hambre con para un pescado con patacón.
Lo que hasta hace poco no había en ese pedazo de Urabá era luz eléctrica. Desde 1973, sus cerca de 1.500 habitantes aprendieron a vivir con velas, mechones y plantas de combustible que funcionaban solo por horas.
Eso empezó a cambiar. La Gobernación de Antioquia, a través de la Secretaría de Ambiente y la Dirección de Electrificación, instaló 120 sistemas solares fotovoltaicos —uno por vivienda— en el Consejo Comunitario Bocas de Atrato, con una inversión de 4.400 millones de pesos ejecutada por la Empresa de Vivienda e Infraestructura de Antioquia (VIVA). Es la primera vez que esta comunidad afrodescendiente tiene acceso permanente a la energía eléctrica.
”Nosotros utilizábamos hielo que traíamos desde Turbo para conservar el pescado. En las noches compraba velas, y cuando ya tenía la forma, compraba una plantita y así”, contó uno de los habitantes en entrevista con Telemedellín. “Ha sido muy duro. Nosotros tantos años peleando esto de la energía, hasta que por fin logramos el proyecto de los paneles” afirmó otro.
La llegada de la energía no es solo cuestión de comodidad. Para una comunidad que vive principalmente de la pesca, tener una nevera o una hielera que funcione de manera continua transforma la cadena productiva: el pescado puede conservarse en mejores condiciones, lo que reduce las pérdidas y mejora los ingresos.
También facilita la refrigeración de medicamentos, mejora las condiciones de estudio para niños y jóvenes en las noches y permite el uso de ventiladores en una zona donde las temperaturas son altas todo el año.
Edinson Carrillo, secretario de Planeación de Turbo, resumió el alcance de la intervención: “Poder llevar estos paneles solares a este sector y que ellos por fin puedan tener energía, luz, vida y poder tener salud”.
La instalación se realizó con la participación de los propios habitantes del territorio y con criterios de sostenibilidad ambiental para proteger los manglares y la fauna y flora del entorno, uno de los ecosistemas más sensibles del Urabá antioqueño.
El proyecto en Bocas de Atrato no es un caso aislado. Según la secretaria de Ambiente de Antioquia, Beatriz Elena Pabón, la iniciativa hace parte de un convenio entre la Secretaría y VIVA por cerca de 30.000 millones de pesos, que busca llevar 580 soluciones individuales fotovoltaicas a más de 27 municipios en siete subregiones del departamento.
La Gerencia de Afrodescendientes de la Gobernación acompañó al Consejo Comunitario durante más de un año en la estructuración de la propuesta y realizó el seguimiento al proceso de ejecución.
Ese acompañamiento institucional fue, según la Gobernación, lo que permitió convertir en realidad una necesidad que la comunidad venía reclamando desde hace décadas.
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