En Engativá, cuando todavía el sol apenas se asoma entre los edificios y las calles empiezan a llenarse de vida, un grupo de mujeres se prepara para cambiar la historia del transporte público en Bogotá. No llevan capas ni escudos, pero sí una determinación que pesa más que cualquier armadura. Son cien. Cien mujeres que decidieron que el volante también es suyo.
La noticia corre rápido por los barrios: la Alcaldía Local de Engativá, en alianza con TransMilenio y Gmóvil, abrió un programa pionero para formar y contratar a mujeres como conductoras del SITP. No es un curso cualquiera. Es una puerta. Un camino. Una oportunidad real de trabajo digno, estable y cerca de casa.
Ochenta de ellas aprenderán a manejar buses zonales con licencia C2. Veinte más se formarán para conducir los gigantes rojos de la troncal con licencia C3. Todas, sin excepción, recibirán salario durante los dos meses de formación. Un gesto que parece pequeño, pero que para muchas significa poder estudiar sin abandonar a sus hijos, sin dejar de pagar el arriendo, sin renunciar a la vida que sostienen día a día.
“Somos una Alcaldía con enfoque de género…”, dijo el alcalde local, Víctor Hugo Huertas Prada. Pero más allá de las palabras, lo que se ve es acción: recursos reales, alianzas sólidas y un mensaje claro para las jóvenes de la ciudad —*sí hay espacio para ustedes, sí hay oportunidades, sí pueden estar al frente*.
TransMilenio, por su parte, dejó de ser solo un sistema de transporte para convertirse en un puente. Un articulador. Una entidad que no solo exige inclusión, sino que la impulsa, la acompaña y la hace posible. Hoy, de más de 25 mil conductores, apenas 1.083 son mujeres. Pero esa cifra empieza a moverse, a crecer, a abrirse paso como un bus que avanza firme por la troncal.
Gmóvil también lo tiene claro: “Creemos en el talento sin etiquetas”, dijo su gerente, Andrés Felipe Oyola. Y lo demuestran no solo contratando, sino acompañando, formando, cuidando. Porque no se trata solo de manejar un bus, sino de entrar a un mundo que durante décadas estuvo reservado para otros.
Un cambio que se siente en la calle
Para muchas jóvenes de Engativá, este programa es más que un empleo. Es una forma de romper ciclos. De demostrarle a sus familias —y a sí mismas— que pueden ocupar espacios que antes parecían lejanos. Que pueden ser proveedoras, líderes, referentes. Que pueden transformar su barrio desde el volante de un bus.
En abril comenzará la formación. Serán dos meses intensos, llenos de retos, de madrugadas, de motores encendidos y de sueños que empiezan a tomar forma. Y cuando terminen, no solo tendrán una licencia. Tendrán un trabajo. Una ruta. Un destino.
### **Un mensaje para las jóvenes de Bogotá**
Esta crónica no es solo para contar lo que está pasando. Es para recordarte algo: el futuro no se espera, se conduce.
Y estas cien mujeres ya están arrancando.
Si alguna vez te dijeron que ciertos trabajos no eran para ti, que ciertos espacios no te correspondían, que ciertos sueños eran demasiado grandes, míralas a ellas. Mírate en ellas. Porque cada bus que una mujer conduce en Bogotá es una señal de que los caminos se están abriendo.
Y quizá, solo quizá, el próximo volante que cambie una vida pueda ser el tuyo.